Mi nombre es Jean Paul y escribo esto para todas las personas que decidan invertir su tiempo en mi pensamiento.
Quisiera distinguir entre diferentes sensaciones pero el cansancio y la falta de motivación son célebres instrumentos que fomentan mi apatía, y más si me enfrento al folio en blanco. Soy un tipo normal, en un barrio normal y con una situación familiar relativamente normal. Por distintas configuraciones genéticas me he visto obligado a desviar mis inquietudes afectivas hacia diferentes procesos creativos, como la escritura, la pintura o la soledad.
Tras muchas ideas desperdiciadas y otras tantas aprovechadas de una manera más o menos digna, quisiera manifestar algunas de las conclusiones que he logrado alcanzar hasta la fecha pero que resultan muy poco pragmáticas dentro de la sociedad en la que vivo. Algunos pensaréis que la capacidad de análisis de los sentimientos o de las sensaciones es algo intrínseco dentro del ser humano y que aquellos aventurados que tratamos de abordar la temática que trata de dar significado a los límites del pensamiento somos el máximo exponente del desacierto. Y no os equivocáis.
Aun así me pregunto diariamente si la sensación de caminar solo es dada por un proceso de simulación de mi subconsciente; o si esa sensación de despertar desencajado es algo auto-impuesto por esta mente, que siente su insignificancia respecto al todo, aun siendo tan infinita como el universo.
En ese proceso de medición de importancias es donde otras mentes influyen a nivel pragmático. Así pues, supongamos que nuestra capacidad para generar ideas viene dada por el resultado práctico de las ideas de otras mentes, las cuales han sido influidas previamente por nuestro atrofiado pragmatismo mental.
Una mente es un laberinto que requiere de vocabulario, de códigos, de acciones,..., en definitiva, de todas aquellas herramientas que sean capaces de transmitir adecuadamente (de la manera más exacta posible) aquello que produce. Si no hay herramientas buenas cojearemos socialmente y sin querer, podremos ser los culpables indirectos de que las mentes de muchas personas generen ideas negativas o que oscilen en torno a la auto-destrucción. Os mentiría si os dijese que la auto-destrucción es algo que no tengo en mente a cada paso; y no os quiero mentir.
La cantidad de conclusiones a las que se pueden acceder a través de una mente que trata de erradicar el problema de la auto-destrucción generada desde el propio subconsciente son cada vez más escasas. Abordan campos como el de la evasión o el de la resignación; pero siempre mantienen un pequeño porcentaje de esperanza. Esperanza de que aparezca alguien que con su pragmatismo sea capaz de cambiar la mente que combato, incapaz de seguir luchando por sí sola pasado un determinado punto de su guerra.
Pero quién querría encargarse de sostener semejante responsabilidad. La idea acojona en cuanto comienzas a pensarla. Por eso resulta imposible su efectividad en la práctica.
Una vez estuvieron cerca. Ahora hay mucho desierto por aquí. Solo queda mente.